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Si me dieran un euro por cada pareja que llega a terapia con la esperanza de que el otro sea quien cambie, créanme, estaría escribiendo esto desde una playa en el Caribe, con un cóctel en la mano y cero discusiones de “¿por qué nunca bajas la tapa del inodoro?”.

Pero aquí estamos, trabajando, desarmando la creencia de que la terapia de pareja es un taller mecánico donde ajustamos a la otra persona para que encaje a la perfección en nuestra idea de relación ideal. Porque, queridxs míos, tu pareja no es un electrodoméstico con fallas de fábrica que necesita reparación.

Y sin embargo, aquí vienen las parejas, con cara de esperanza y el guión bien aprendido:

—Laura, dígale a mi pareja que él/ella es el problema.

Y ahí es donde la terapia da su primer golpe de realidad: aquí no se trata de cambiar al otro, sino de aprender a entender la danza en la que están atrapados y decidir si quieren moverse juntos de otra manera.

¿Terapia para arreglar la relación o para arreglar al otro?

Hablemos claro. En consulta hay dos tipos de parejas:

💃 Las que quieren aprender a bailar mejor juntas.
Estas parejas, aunque frustradas, entienden que la relación no es solo lo que hace el otro, sino cómo interactúan entre sí. Están dispuestas a explorar qué patrones han creado y qué ajustes pueden hacer para mejorar la conexión.

🕺 Las que quieren que el terapeuta actúe como juez y dicte sentencia.
Estas parejas llegan con su discurso ensayado y pruebas contundentes de que su pareja es el verdadero culpable de todos los males de la relación. Esperan que la terapia funcione como un tribunal donde finalmente recibirán justicia emocional.

El problema es que la terapia no es un juicio y yo no soy la juez de su relación. No se trata de ver quién gana la discusión más larga, sino de entender por qué han llegado a este punto y qué pueden hacer al respecto.

Y aquí es donde entra un concepto que nos cuesta aceptar: no todas las cosas que nos molestan de nuestra pareja tienen solución.

 

Tolerancia al Malestar: No Todo en la Pareja Tiene Arreglo (y No Pasa Nada)

Si estás en pareja y piensas que, con suficiente esfuerzo y terapia, lograrás que el otro deje de hacer esas cosas que te molestan… bueno, mejor respira hondo y prepárate para un poco de realidad.

Porque la verdad es esta: algunas cosas simplemente no van a cambiar.

Ejemplo clásico:
🌱 Ana es hiperorganizada. Pablo, en cambio, parece tener el superpoder de generar desorden en tiempo récord. Durante años, Ana ha intentado convertir a Pablo en Marie Kondo. No ha funcionado. En terapia, Ana aprende a soltar la lucha contra el caos de Pablo y, en su lugar, acuerdan espacios compartidos organizados y otros donde Pablo puede ser un huracán sin que nadie se estrese. Ana no cambia a Pablo, pero tampoco vive frustrada 24/7.

Aquí entra el concepto de tolerancia al malestar: hay cosas que nos van a molestar de nuestra pareja, y eso no significa que la relación está condenada. Se trata de elegir nuestras batallas y aprender a coexistir con ciertas diferencias sin que se conviertan en una guerra constante.

Porque la otra opción es vivir en un eterno estado de frustración y reproche, y créanme, nadie quiere ser la persona que pasa el día reclamando por la forma en que el otro mastica.

Valores en la Pareja: ¿Cómo Quiero Amar, Independientemente de Cómo Me Ame el Otro?

Aquí es donde entra otro elemento clave: los valores.

Muchas veces, esperamos que el otro cambie antes de decidir cómo nos comportamos en la relación.

Ejemplo clásico:
❤️ Daniel se queja de que su esposa Cristina no es afectuosa. En terapia, en lugar de esperar que Cristina se transforme en una máquina de abrazos, Daniel se pregunta: “¿Yo quiero ser una pareja cariñosa, sí o no?” Y decide que sí, independientemente de cómo reaccione . Entonces, en lugar de medir cada gesto de afecto que da y recibe, empieza a actuar desde su valor de ser una pareja presente y amorosa, sin necesidad de recibir lo mismo de Cristina.

Cuando dejamos de ver el amor como una transacción y empezamos a verlo como una elección, la relación cambia. No amamos porque el otro nos ama de cierta manera, sino porque queremos amar de cierta manera.

Aceptar la Danza Antes de Intentar Cambiarla

La Terapia Integral de Pareja no te promete que tu pareja saldrá de la terapia convertido en la persona de tus sueños. Lo que sí hace es ayudarte a:

Aceptar las diferencias sin que se conviertan en guerras constantes.
Aprender a ver los conflictos desde otra perspectiva y con más humor.
Elegir cómo quieres actuar en tu relación en lugar de solo reaccionar a lo que el otro hace.

Y quizás lo más importante: dejar de esperar que el otro cambie para poder ser feliz.

Porque el amor no es una búsqueda de compatibilidad perfecta, sino un baile en el que ambos aprenden a moverse juntos, incluso cuando no es su canción favorita.

¿Y si mi pareja nunca cambia?

La pregunta incómoda, pero necesaria.

Si hay cosas que no puedes aceptar, si sientes que tus valores están en juego o si el nivel de malestar es tan alto que la relación te desgasta más de lo que te nutre, entonces la pregunta no es si tu pareja va a cambiar, sino si quieres seguir bailando esta danza o necesitas otra música.

Porque sí, el amor es un baile. Pero no se trata de ver quién baila mejor, sino de aprender a moverse juntos, sin pisar tanto los pies y con la capacidad de disfrutar la música, incluso cuando no es nuestra canción favorita.

Así que la próxima vez que sientas que tu pareja debería cambiar, pregúntate:

  • ¿Estoy dispuesto/a a aceptar ciertas diferencias sin que definan toda la relación?
  • ¿Estoy actuando según mis valores o solo reaccionando a lo que el otro hace?
  • ¿Estoy queriendo aprender a bailar juntos o solo esperando que el otro se mueva a mi ritmo?

Porque ahí, en ese cambio de perspectiva, es donde realmente empieza el trabajo en pareja. Y quién sabe, quizás descubran que pueden bailar juntos de una forma que jamás imaginaron. 💃🕺❤️

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